lunes, 24 de noviembre de 2008

Hispaniola


Yo soy hijo de Hispaniola hermana menor de América, ella me habla a mí y solo a mí, porque he aprendido a acariciar su verde cabellera. En momentos de tristeza cuando más necesito su consuelo me acuesto sobre su espalda y entierro mis oídos para escuchar sus consejos. Hispaniola tiene la fertilidad de las jóvenes y aunque tiene un lado oscuro que le avergüenza, yo pretendo no mirar ese costado de sufrimiento. Ella tiene dos amantes, uno que la copula sin control y sin miramientos, el otro es orgulloso e inexperto.


Hispaniola como reina de colmena no se limita solo a parir, es madre bondadosa que obsequia a sus niños con flores y frutos.



De noche cuando todos dormimos, ella sigue haciendo labor, yo la he visto salir a casar; es solo aprendiz que no conoce la rapiña, eso explica que siempre nos trae ovejas heridas y búfalos enfermos, más no me desespero, ya mejorara con los años.


De ella aprendí a plantar el trigo y a invocar la lluvia; ella me invita a cosecharla. En mis noches de insomnio sabe tararearme las canciones de cuna que trae el viento a mi ventana; me habla de América, una vez me la describió: es alta y hermosa, también me contó que esta tiene un lado oscuro que la avergüenza que comienza justo en su ombligo y se extiende hasta su cabeza, allí es donde habitan los demonios mitológicos que devoran los hombres.

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