
Primer Viernes:
Nos sentamos en un balcón, la vista era hermosa; por sobre la tarima.
Ella acariciaba mi mano, yo acariciaba su pelo susurrándole mi amor. El sonido de la trova que ahogábamos en aplausos. Yo intentaba tararear inútilmente letras inéditas a ese momento para mis oídos. Inexperto, más fanático del licor que de la trova
yo intentaba ser su amante.
Segundo Viernes:
Esta vez nos sentamos al pie de la tarima,
ella ya era mía y yo conocía al trovador,
El cantante sonreía envidioso de nuestro amor
o acaso orgulloso de vernos de pie aplaudir sus canciones.
Otro Viernes:
Otra vez en el balcón; ella, yo y una testigo.
Ya no importaba el licor, la tenía a ella, entendía la trova.
La noche era hermosa a principios de primavera,
Said plagiaba una de Milanés y yo deslizaba un
anillo en el dedo de mi amante; ella lloraba de felicidad
yo la consolaba orgulloso y turbado.
Las trova y el amor nos hizo tres mas hoy soy solo uno.
Años Después:
El trovador desapareció sin dejar rastros. Ellas son dos: la una siempre será mía, la otra ensaya nueva vida y nuevos amores. Desde entonces yo no puedo vivir sin la trova, sin embargo, he tenido que aprender a sobrevivir sin la mujer que me enseñó a escucharla.
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