viernes, 19 de diciembre de 2008

Reflexión de la locura


Dura la locura lo que tarda en aceptarla
quien la padece y se disuelve como el
pecado confesado.

Juzgue el lector si estoy loco; es que
un día me dio con llenarme los bolsillos
de tierra, ¿!y qué!, acaso no hay en un
puñado de arena mil veces más vida
que en un lingote de sabrá Dios de qué
diablos?

Y si me ha dado con andar corriendo
¿no es esta acaso la forma más eficiente
y saludable de desplazarse que conoce
el hombre? Digamos que a mi se me
pega la gana de vivir como se me pega
la gana.

Qué tal si un día frío aprovechando el
sol y un espacio público me vieran
disfrutar de un picnic en la acera, rodeado
de perros callejeros, sarnosos y rencos,
pero nobles, eso si, más nobles que
cualquiera de sus mascotas.

La soledad es la vacuna más eficaz
contra las enfermedades de
transmisión social.

Ya sin desviarnos del tema en
cuestión yo digo en ese tenor que disfruto
mi locura porque me da inmunidad
social; por eso voy y vengo sin saludar
a nadie, sin fingir sonrisas, exento de
los modales.

Apelando a la locura (fingida, ficticia
o verdadera) puedo impunemente
pasearme desnudo, contradecirme a cada
paso; correr sin rumbo por calles sin
nombre, el viaje que no termina; quedar
inmóvil alguna vez, estar cuerdo,
esa si es mi pesadilla

Prosa de La Perdida


Se me escapó una poesía,
la más bella de todas.

Yo soy el culpable, nadie más;
debí cerrar la ventana, debí atarla
a la pata de mi cama.

Se me perdió una poesía, mora, sin
nombre y sin terminar; es azul
lleva mi letra y habla sabrá Dios
de qué.

Se echó a volar un suspiro
en un papel amarillo, saltando
ventana afuera, se divorció de
mi lápiz; Si alguna vez llega a
tu puerta, retenla y envía por mí.

Se dio a la fuga la más bella de
mis prosas, la depresiva, la
suicida que hace un mes se
arrojó a la chimenea.

Se extravió la prosa enferma;
y yo me pregunto mil veces
¿Si la escribiese de nuevo, puedo
usar los mismos adjetivos que
vertebran la fugitiva sin pecar
de auto-plagio?

¿Será justo usar el mismo nombre
que le debo a la que huye, en una
copia barata escrita sin sentimiento?
Yo me respondo que no y juro
esperar hasta la muerte de ser preciso
aferrado a mi ventana; estoy seguro
que un día de estos días a de volver
arrepentida la muy pícara a pedirme
un espacio en mi cuaderno.

Ese día sin dudar la haré enmarcar,
la colgaré en el pasillo y le llamaré

Mi Obra Maestra

lunes, 8 de diciembre de 2008

Yo, yo...


Yo quise decirte algo pero es que tu siempre tienes la palabra.

Yo quiero recordar tu voz pero hay
un ruido de camiones. Quise hablar
de nosotros y encontré un tu lejano
y un yo en la distancia.

Yo quise soñar contigo pero me venció
el insomnio. Yo quise robarte un beso
y me tope con mis manos; Yo quise
mudar mi lengua debajo de tu nariz.

Yo quiero escribir de manzanas, pero…
¡Coño eres tan hermosa!
Yo quería escribir tu nombre pero
es que me tiemblan las manos. Yo
quiero estar ocupado para no pensar
en ti; yo saque a pasear colibríes
en medio del huracán; yo compré
collares de perros para pasear los
delfines; yo adopté tres garrapatas;
yo quiero decirte “Te Amo” pero
me asalta la timidez.

Tantas cosas te digo en la distancia
pero a tu lado me hace callar la disnea;
yo mejor termino esto para no gritar
tu nombre…

viernes, 5 de diciembre de 2008

De la Faena de los Hombres


Al final de la tarde yo me colé entre los niños
y las viejas que esperaban a los hombres;
y en efecto, a lo lejos se escuchaban sus cánticos.

Regresaban las superestrellas del machete,
los campeones del conuco, los que trabajan
sin reloj, porque saben que todo lo que no es
noche es día. Llegaban airosos, con la sonrisa
de orgullo de los que preñan los surcos,
con el orgullo del crimen de matar
el hambre de primavera en pleno invierno.
Brillaban amarillos bajo el sol rojizo de la
tarde moribunda; con el olor de los hijos
del naranjo, con las rodillas y los labios
cenizos, con sus botas de piel de hombre.

En un bohío retorcido, guarecida de la noche
una lata hierve las raíces del jardín
al tiempo que la esposa observa su campeón
preguntándose si acaso después de tan dura
faena queda algo de virilidad para una
breve jornada sobre el colchón. Yo sigo
mi camino sonriente, preguntándole a
las huellas ¿Acaso vale la pena?

martes, 2 de diciembre de 2008

De la Habitación (Van Gogh)


Donde vivo hay una casa que lleva el número
de mi casa, tengo cuatro paredes y una puerta
que llamo mi habitación, la más grande del
mundo, donde me encierro cuando quiero ser libre,
donde salto sin temor porque sé que mi espacio no
termina en el techo. Tengo colgado a modo de castigo
un espejo embustero que pretende dibujarme cada
vez más viejo.

Hay un condominio desordenado donde habita
mi ropa, vive en él una camisa que se resiste
a bañarse por no lavar tu sudor. Hay un piso
blanco y frío donde duermen mis zapatos; hay
un vaso solitario con un licuado de penas; en el
centro hay un ataúd de colchones donde muere
conmigo el día y una mesita de noche donde
descansa un papel estrujado escrito con mi
puño y letra, claramente pude leer que es
el original de estos versos.

lunes, 1 de diciembre de 2008

El Extraño Caso del Café de mi Despensa




Una noche escuché unos pasitos,
salté de mi cama y descubrí un lazarillo
robando el café de mi despensa, a hurtadillas
lo seguí, lo vi correr a mi habitación, lo vi saltar
a través de mi espejo y descubrí que es una
puerta, lo seguí tras el cristal. Encontré el secreto
mejor guardado del mundo; una puerta al
“Taller de los Afanes”. Bajo el ecuador hay
Una luz suspendida que divide
al mundo en cuatro, iluminando la labor de los
pulgarcitos; miles de duendes
apiñados en su afán.

Me escondí tras el árbol de la curiosidad
para observarlos sin ser visto. Había una
mesa al final del salón y distinguí sobre ella el
mapa del mundo, a la derecha y bien custodiado
esta el “Almacén de los Sueños”, a la izquierda
no menos custodiado descubrí el
“ Cajón de las Sonrisas”. Vestidos de blanco
vi correr preocupados los galenos que
curan las depresiones; en el centro y debajo de
la luz hay un artefacto silencioso que
lleva la inscripción “Máquina de Arcoiris”,
en un cuartito apartado conté trescientos
de ellos; trabajan en un proyecto secreto,
yo los escuche decir que construyen mi futuro.

Desde entonces cuando escucho sus pasitos
pretendo hacerme el dormido y me ocupo que
no falte café en mi despensa.