
Dura la locura lo que tarda en aceptarla
quien la padece y se disuelve como el
pecado confesado.
Juzgue el lector si estoy loco; es que
un día me dio con llenarme los bolsillos
de tierra, ¿!y qué!, acaso no hay en un
puñado de arena mil veces más vida
que en un lingote de sabrá Dios de qué
diablos?
Y si me ha dado con andar corriendo
¿no es esta acaso la forma más eficiente
y saludable de desplazarse que conoce
el hombre? Digamos que a mi se me
pega la gana de vivir como se me pega
la gana.
Qué tal si un día frío aprovechando el
sol y un espacio público me vieran
disfrutar de un picnic en la acera, rodeado
de perros callejeros, sarnosos y rencos,
pero nobles, eso si, más nobles que
cualquiera de sus mascotas.
La soledad es la vacuna más eficaz
contra las enfermedades de
transmisión social.
Ya sin desviarnos del tema en
cuestión yo digo en ese tenor que disfruto
mi locura porque me da inmunidad
social; por eso voy y vengo sin saludar
a nadie, sin fingir sonrisas, exento de
los modales.
Apelando a la locura (fingida, ficticia
o verdadera) puedo impunemente
pasearme desnudo, contradecirme a cada
paso; correr sin rumbo por calles sin
nombre, el viaje que no termina; quedar
inmóvil alguna vez, estar cuerdo,
esa si es mi pesadilla
quien la padece y se disuelve como el
pecado confesado.
Juzgue el lector si estoy loco; es que
un día me dio con llenarme los bolsillos
de tierra, ¿!y qué!, acaso no hay en un
puñado de arena mil veces más vida
que en un lingote de sabrá Dios de qué
diablos?
Y si me ha dado con andar corriendo
¿no es esta acaso la forma más eficiente
y saludable de desplazarse que conoce
el hombre? Digamos que a mi se me
pega la gana de vivir como se me pega
la gana.
Qué tal si un día frío aprovechando el
sol y un espacio público me vieran
disfrutar de un picnic en la acera, rodeado
de perros callejeros, sarnosos y rencos,
pero nobles, eso si, más nobles que
cualquiera de sus mascotas.
La soledad es la vacuna más eficaz
contra las enfermedades de
transmisión social.
Ya sin desviarnos del tema en
cuestión yo digo en ese tenor que disfruto
mi locura porque me da inmunidad
social; por eso voy y vengo sin saludar
a nadie, sin fingir sonrisas, exento de
los modales.
Apelando a la locura (fingida, ficticia
o verdadera) puedo impunemente
pasearme desnudo, contradecirme a cada
paso; correr sin rumbo por calles sin
nombre, el viaje que no termina; quedar
inmóvil alguna vez, estar cuerdo,
esa si es mi pesadilla




